miércoles, 2 de diciembre de 2009

Max y los hospitales

Los hospitales son lugares donde se prepara al paciente para aceptar su muerte. Como una universidad de la defunción. Uno entra vivo y se recibe de cadáver, y recibe flores y bendiciones por haber cumplido con su meta.
Hay alumnos brillantes que tardan menos tiempo en extinguirse. Mucha vocación por la enfermedad, lo que se dice un hipocondriaco. Hay alumnos que no tienen capacidad y se los expulsa de la institución. Son unos vivos que pretenden alojarse y comer gratis sin avanzar en la carrera del deterioro.
Los hospitales están atendidos por médicos y especialistas. Estos conocen los medios para hacer progresar la decadencia, y están apañados magistralmente por el rector general. Que es un sádico que escamotea sabiamente medicamentos e instrumental. También está el Ministro de Salud que vela por la falta del equipamiento indispensable; y así asegura un notable rendimiento de virus, infecciones, y defecciones anatómicas en progreso. El que no se muere en este establecimiento es por falta de voluntad.
Los hospitales públicos tienen más prestigio que los privados. En ellos nadie sale sin estar bien muerto. Inclusive tienen, algunos, institutos de posgrados como incineradores y crematorios. Se llama posgrado porque se llega al punto máximo de los grados. Que son muchísimos y achicharran.
Los hospitales privados son instituciones donde van los que no quieren ser finados. Pagan caro su hospedaje y estadía. Van de oyentes y no pretenden aprobar las enfermedades, ni probar tampoco.
Hubo un renombrado caso de un egresado llamado Victor Sueiro que entregó el título y se retiró de la práctica de su profesión de difunto. Esto causó sensación en la gente y en los medios. ¡Volver a la vida después de lo que le costó morirse!

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