Los monumentos son piedras grandes que tienen la forma de una persona que ya murió. Y que fue importante, o hizo algo importante para los demás. Que cuando ven el monumento se preguntan qué habrá hecho esa persona para que le hicieran un monumento. Porque casi nadie sabe quién es el recordado. Nunca. Por eso se le pone una chapita donde se explica la obra; nunca los hechos, sino la obra y su autor: es más conocida Lola Mora que Las Nereidas. Y es más conocida Susana Gimenez que Lola Mora.
No alcanza con morirse para merecer un monumento. Aunque a todos los que mueren les ponen una piedra encima. Esa se llama lápida y es un monumento más sencillo y de menor divulgación.
Hay gente a las que se les quiere hacer monumentos en vida. Con una piedra muy grande y muy pesada, pero sin avisarle que les cae.
Los monumentos siempre están en las plazas. Que son lugares que están para poner monumentos. Porque en otros molestan. A los perros, que tienen que esquivar el busto para dejar la bosta.
Cuanto más grande es un monumento más importante es. Para jugar a la escondida. Que es un juego donde todos se esconden y uno los tiene que buscar. Como una apología de la pregunta del profesor en clase.
Cuando un monumento está en mitad de la calle y no en una plaza, los automovilistas lo rodean ignorándolo, y los peatones no se le arriman debido a las maniobras que esto requiere. Estos monumentos suelen ser blancos, sobre todo de los insultos de los conductores, que preguntan por qué está en medio de Libertador al 900.
Un monumento está porque pasó algo bueno. Salvo al que llaman Obelisco, que recuerda la fundación de la ciudad. Y por esto lo tienen solo y entre rejas, para que nadie se le pueda acercar a ver qué dice.
jueves, 3 de diciembre de 2009
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