martes, 15 de diciembre de 2009

Max y los bebés

Los bebés vienen al mundo. Como yo. Aunque en realidad no vienen solos sino que los traen la gente grande. Más exactamente los obstetras. Que son como agentes aduaneros entre el otro mundo y éste. Que reciben a la nueva persona para decirle cómo son las cosas en este mundo, y por eso los bebés lloran cuando llegan al mundo. Es lo más normal. Un bebé que no llora es un bebé sordo, o resignado.
Los bebés antes de llegar tienen contacto con la madre, pero es un contacto unidireccional. La madre le habla al bebé y éste no le contesta; ya antes de nacer está cansado de escuchar a la madre y sus recomendaciones. Menos mal que no le contesta sino la relación podría empezar mal.
Los bebés son ocupas que usurparon la panza de la madre, y salen cuando se ven apretados. Es decir, cuando afuera los intiman: "¡Sale o lo sacamos!". El bebé sale solo o con la fuerza pública. Del hospital público. Cuando sale sin que lo saquen se dice que es normal; en cambio cuando lo tienen que desalojar por la fuerza se llama cesárea. Porque lo hacen cesar con su actitud de usurpar.
No se sabe muy bien cómo es que llegan los bebés a la panza de las madres. Todas las investigaciones realizadas dieron resultados negativos, pero todos los análisis realizados dieron positivos. O sea que vienen hordas de bebés.
Los hombres tratan de descubrir el misterio metiéndose dentro de la mujer. Se meten y miran qué hay, pero nunca encuentran nada, ni ningún bebé. Estos aparecen después, misteriosamente. Y ahí están hasta que empieza la puja por sacarlos.
Los bebés para no salir se atan con una soga, pero al final los sacan con soga y todo. Se la cortan y le dan un primer cachetazo en la cola, antes del juicio donde será encontrado culpable. Ahí es condenado a prisión durante un año y medio, lo encierran en una celda chiquita con barrotes y ahí está aunque llore y llore.
Finalmente los bebés se van. Nadie sabe dónde. Aunque se tiene la idea de que se hacen hombres grandes y responsables. Y una vez hechos hombres parece que añoran su época de bebés, ya que se quieren meter otra vez adentro de cualquier mujer.
Un caso muy renombrado en Argentina fue el del hospicio Riganti. Que albergaba cinco bebés usurpadores, y que finalmente fueron expulsados uno tras otro y sin tregua.

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