miércoles, 25 de noviembre de 2009

Max y los ladrones

Los ladrones son muchos. Igual que los maestros. Pero no reclaman mejoras salariales, las llevan adelante por su cuenta. Por eso se los llama ladrones, aunque en realidad nadie los llama porque nadie quiere que vengan. Pero ellos vienen igual.
Los ladrones son gente tímida que intimida. No se animan a pedir algo prestado, por eso lo agarran sin avisarle al dueño. Nunca devuelven lo que le prestaron. Por eso nadie le prestaría nada a un ladrón.
Los ladrones pueden actuar de diferentes maneras. Como los actores, que no son ladrones aunque la crítica diga lo contrario. Como hace siempre.
Hay ladrones que son amables. Le roban a la gente con mucha educación, aunque dejaron la escuela, porque ahí les enseñaban a no robar. Entonces le dicen: "Por favor me podría entregar su billetera", y ante la negativa insisten caballerosamente hasta salir con la suya. Y con la del asaltado, claro.
También hay ladrones violentos. Estos no piden las cosas de buena manera, dan una tunda. Es como un trueque bastante desigual; el asaltado entrega sus ex pertenencias y recibe a cambio una paliza. El ladrón se va contento por el buen negocio que hizo.
Otros ladrones hacen sus menesteres sin que nadie se entere, ni siquiera ellos. Que son llamados cleptómanos. Que son ladrones por diagnóstico clínico. Porque el doctor les dijo tome este medicamento y déjeme el ficherito donde estaba.
Algunos ladrones son tan brillantes que todos se dan cuenta que son ladrones. Porque después que pasan ellos las cosas brillan por su ausencia. Y después hay ladrones sin mucho brillo. Estos van presos por incompetentes, si robaran bien no los encarcelarían.
En este país a los ladrones se los nombra de muchas maneras. Como chorros, pungas, rateros...Pero estos son ladrones de poca monta. A los especialistas les dicen senadores, diputados, concejales, ministros...Entre estos últimos la diferencia está en los montos que roban. Un Ministro roba más que un Senador, y un Senador roba más que un Concejal, y un Concejal roba más que cualquier ratero menor; y todos juntos roban más de lo que está dispuesto en sus haberes.
Una vez leí un cuento que se llamaba Allí Babá y los cuarenta ladrones. Me lo robaron. El mismo debe haber sido escrito en otro país, acá la cifra excede en mucho a cuatro decenas, y además todos quieren ser Allí Babá. ¡Cómo si eso tuviera mérito!

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