El casino es donde uno pierde plata viendo cómo se le cae del bolsillo. Es decir, no es que uno se encuentra sin el dinero y tiene que hacer memoria para descifrar dónde pudo ocurrir la desgraciada perdida; es "voy al casino a que se me caiga plata en tal o cual mesa". En realidad no pierde plata uno, sino que la encuentra el señor de negro que nos dice "no va más", cuando sería mejor que nos dijera "no pierda más".
Al costado del señor de negro que encuentra nuestra plata, hay otro señor de negro que vigila al primer señor de negro, para que éste no pierda la plata que va encontrando en nuestras manos. A su vez, hay un tercer señor de negro ubicado más lejos que controla a los otros hombres de negro, para que estos no pierdan la compostura. El casino es un lugar donde todos sus empleados son muy celosos con esto de perder la compostura, ya que los únicos autorizados a perder son los que vienen de afuera.
En el casino hay un señor de negro que no es anónimo como los demás. Es Jack y está sentado en su mesa, que es la mesa del Black Jack. Este señor es más considerado que los otros. No admite ver perder dinero a más de seis personas al mismo tiempo. Es un gran comerciante, alquila cartas a los que vienen de afuera y se las saca cuando ve que no saben qué hacer con ellas y están en apuros.
Jack es controlado por otro señor de negro que mira el negocio sin decir nada. Después de un rato se queda sin clientes y se dedica a mirar a los demás mientras acomoda la mercadería.
Los hombres de negro que más trabajan son los que están en las mesas con pared. Son tres y tienen unos palos largos con los que amenazan a los visitantes. También son buenos comerciantes. Alquilan dados para que la gente tire tratando que se salgan de la mesa. Nadie lo logra. Y en el fondo nadie quiere lograrlo, porque si lo hacen los hombres de negro no se los alquilan más.
Tiran los dados los que pagan y algunos que no pagan. Estos segundos no pagan porque ya pagaron los primeros, que les prestan los dados de buenos que son.
Este negocio es mejor que el de Jack. Las mesas con pared siempre tienen clientes.
En las mesas que tienen números la gente paga para que el señor de negro les diga qué número salió. Así el señor de negro avisa "¡salió el negro el ocho!", mientras retira su paga. Solo deja la plata del que sabía qué número iba a salir. A éste no le cobra.
Siempre hay vivos que no pagan pero igual escuchan qué número salió. Al señor de negro no le importa, y en realidad a los que pagan tampoco. Entonces las mesas están llenas de individuos que no dejan plata pero usan el servicio del hombre de negro. Este hombre de negro no es tan buen comerciante como Jack.
En el casino los únicos que pueden hacer negocio son los hombres de negro. Nadie puede decir nada igual a los hombres de negro, ni tocar la mercadería como el hombre de negro. Si un visitante canta el número que salió y pretende cobrar un dinero por esto, los hombres de negro se enojan y le advierten que tienen la exclusividad para el negocio. Una vez vi a un visitante sentarse en el lugar de Jack y ser retado por un hombre de negro que vigilaba de incógnito.
viernes, 13 de noviembre de 2009
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