Las dietas son las que cobran los Diputados de la Nación. Pero también es lo que hace mucha gente cuando no come. Los Diputados cobran pesos en concepto de dieta, y la gente baja de peso por lo mismo. O sea por lo que cobra un Diputado. Que es una cifra que le produce acidez estomacal al pueblo.
La dieta es algo que hacen los gordos. Por eso no funciona, ningún gordo va a inventar un régimen donde haya que hacer ayuno. Por esto no hay que hacer dietas ingeniadas por gordos. Hay que hacer dietas pensadas por flacos, que son gente que come poco. La dieta de un flaco es sencilla: desayuno, almuerzo, merienda, y cena. Pero no todo el mismo día, la elección es única y excluyente. El día que desayuna hace solo eso, el día que almuerza hace solo eso, el día que merienda hace solo eso, y el día que cena tiene un hambre que no ve.
En cambio la dieta del gordo es completa: desayuno, almuerzo, merienda, y cena. Pero todo por la mañana, todo por la tarde, todo por la noche, y todo por las dudas de quedarse con hambre. Dice el gordo. Que entonces no es gordo sino precavido, y vale por dos.
Un gordo en un restaurante de comida libre es un signo de que no está haciendo dieta. Un flaco en un restaurante de comida libre es signo de que no come hace una semana. Igual el dueño del restaurante prefiere al flaco hambriento antes que al gordo esposado, atado, y amordazado.
Se suele decir que los flacos comen poco porque se les ha cerrado el estómago, y con poca comida ya están llenos. El gordo tiembla ante esa cerrazón.
Cuando un gordo empieza una dieta se convierte en un futuro flaco. Pero como se sabe, el futuro es incierto. Entonces el gordo se desanima y deja la dieta. Promete hacer dieta en el futuro, que como es incierto lo tranquiliza.
Hay gordos que no tienen la fuerza de voluntad para hacer dieta, y van al médico, que como es flaco tiene la fuerza de voluntad para bajar la gordura. Pero lo que le falta es la gordura. Entonces se unen y aportan las dos cosas: el gordo la gordura y el médico la voluntad. Como una dupla técnica. Aunque de lejos parecen todo el equipo.
Ni bien entra el gordo al consultorio el doctor le entrega su pesar: le dice cuánto pesa y cuánto tendría que bajar. Ahí el gordo se va a consultar a otro profesional, consulta a un ingeniero que no le dice lo mismo. Entonces el gordo se va feliz para su casa. Por haber escuchado la otra opinión.
Cuando el médico también es gordo entonces ya es un grupo de autoayuda.
Lo curioso es que hay flacos que también hacen dieta. Pero no para no comer sino para comer más y engordar. Allá ellos.
En Argentina, cuando se acerca el verano, todo el mundo se pone a hacer dieta. Aunque a los gordos se los quiere siempre, sobre todo a los de Navidad y Año Nuevo. Que cada vez están más flacos, dice la gente enojada.
domingo, 7 de marzo de 2010
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